El primer día

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Hola a tod@s!!!

Mi mundo es el de los datos y tratamiento de información así que siempre que tengo algo entre ceja y ceja siento ansia viva de bucear por la red hasta encontrar algo que me sirva.

Soy así, un poco cansina 🙂 y llevado a mi mi nueva meta, me he lanzado a por un plan de entrenamiento que vea asequible, realista y factible. Quiero empezar con buen pie, así que he buscado un plan para empezar desde cero y que me permita ver una evolución constante. Pequeños avances pero siempre en constante moviendo. Creo que ese es el secreto!

El plan de entrenamiento que estoy siguiendo no tiene ningún misterio: caminar y trotar, no hay más.

Antes de seguir quiero aclarar que las primeras entradas no están escritas en “tiempo real” pues hoy es 2 de  septiembre y mañana empiezo con la sexta semana de un plan de 10. Problemillas técnicos con la plantilla de wordpress me han retrasado un poco pero he ido dejando mis sensaciones en la nevera para poder compartir mi evolución con tod@s vosotr@s.

Volviendo al entrenamiento, caminar y trotar, sin más. Un pie delante del otro y a darle vidilla. Pero…cómo fue el primer día?.

Mmmmm, básicamente estaba aburrida en casa. Aunque suene raro, no llevo muy bien eso de tener  tiempo libre porque desde hace muchos, muchos meses que no tenía “free-time” y lo cierto es que  tenía el run run de correr (nunca mejor dicho) en mi cabeza dando vueltas, así que simplemente me puse las zapatillas, me embutí en una de las cutre-mallas que tengo y al gimnasio memorizando por el camino lo que tocaba para el primer día: “tres minutos caminar, dos minutos correr, tres minutos caminar, dos min….”.

Hay que decir que de mi casa al gimnasio hay unos 15-20 minutos de caminata en subida libre. Vigo es así, llena de cuestas que te ponen el culo como una piedra (lo de las cuestas es cierto, lo del culo… estoy en ello). Así que pienso: “de calentamiento voy sobrada”. ERROR!.

Arrivo al gimnasio con cara de “por Dios que no me mire nadie”. Dejo mis cosas en la taquilla y durante el paseíllo hasta la bestia (la cinta de toda la vida) sigo memorizando “tres minutos caminar, dos minutos correr, tres minutos caminar, dos min….”. Y me subo.

Venga, nena. Vamos!

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Qué fácil esto de caminar!. De momento llevo tres minutos cumpliendo como una campeona. Al fin y al cabo no era para tanto peeeeeero pasados los 3 primeros minutos hay que darle caña, así que subo la velocidad a 7.5 y a correr. Tomo conciencia y me animo a mí misma: “son dos minutos, sólo dos minutos, dos tristes minutos. Venga que puedes, mueve el culo. Vamos…Joder, cómo que no puedes ni con dos minutos?!?!”.

Sí, gran conversación conmigo misma. Entre cómico y patético, pero creo que nos pasará a much@s durante los primeros días.

Finalmente, con bastante esfuerzo y bastante fatigada no sólo no superé los primeros dos minutos sino que completé mi primer día.

Al terminar, moderé la velocidad para recuperar el aliento porque el corazón amenazaba con salírseme del pecho y estamparse contra la cristalera de enfrente. De pronto empecé a sudar y esto, señoras, les aseguro que es todo un acontecimiento.

Más feliz que una perdiz decido bajarme de la bestia con el pecho más hinchado que el de un padre primerizo presumiendo de niño en la oficina. Saboreé esta sensación un segundo y medio más o menos, que es el tiempo que me llevó poner el primer pie en el suelo y descubrir que me temblaban las piernas. Já, la primera en la frente.

Siguiente objetivo: llegar al vestuario sin caerme desparramada delante de los “machacas” del gimnasio; y esto también lo logré. ¿Qué era lo siguiente??, pues contarlo, por supuesto!; como Luis Miguel después de disfrutar de Ava Gardner, salir corriendo a contarlo. Aunque en honor a la verdad, si hubiera intentado salir corriendo del gimnasio hasta mi casa, habría llegado rodando, así que preferí el estilo clásico: caminar, que tiene menos riesgo.

Por cierto, que durante el camino casi me explota la cara. Mis mejillas estaban en pleno proceso de combustión espontánea. Me alegro de no haber dejado inmortalizado el momento con una autofoto, pero estaba tan contenta con mi primer gran logro en esto de correr que para cuando llegué a casa ya había recuperado el aliento. Llamé a mi chico para contarle la proeza.

Esta sensación es genial!

Kisses & Love

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