Kiss After Running | Porque también se puede correr con el corazón
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Correr con corazón

Porque también se puede correr con el corazón

A menudo, las fuerzas flaquean.

Puede que no tengas el día y que en el trabajo las cosas no hayan salido todo lo bien que pensabas. Tal vez simplemente llegas a casa y no te apetece salir a #correr. La cabeza no te responde.

Te acercas a la ventana, echas un vistazo y te debates entre deber y querer, pero al final te dejas vencer por la pereza. Pues calma, no te tortures por ello, es lo normal.

No siempre estás a tope de ánimo y con ganas de comerte el asfalto, el parque, la cinta o donde sea que vayas a correr habitualmente. Y dejarse vencer por la pereza es normal y humano. Pero no dejes que esto sea así por sistema.

Pero más allá de la pereza, están esos días que por causa de fuerza mayor no puedes, por más que quieras, salir a correr. Esto es lo que me ha pasado a mí la semana pasada. He estado resfriada desde el martes y he arrastrado el malestar hasta hoy lunes (mañana espero estar mejor).

Desde que he empezado a correr me siento mucho más fuerte. De hecho desde finales de julio, fecha en la que empecé con todo esto, nunca noté ninguna molestia física, ni por enfermedad ni por lesión. Sabía que más por probabilidad que por lógica, algún día llegaría algún parón, pero la verdad es que pasados los meses ni me acordaba de que esto podría pasar.

Así que esta semana, el haber estado varios días sin poder hacer absolutamente nada porque no era capaz de mover una pestaña, sin cumplir con mis tres días sagrados de #running sin que la pereza no hubiera tenido nada que ver en todo eso, hicieron que me viniese abajo.  Me recordaba una y otra vez que no podía hacer lo que realmente me apetecía mientras me pasaba las tardes metida en casa gastando celulosa en cantidades industriales. Un cóctel molotov para mi estado de ánimo.

Muchos me recomendaron que lo mejor y más inteligente era pasarme la semana en casa sin más, y otros que sería bueno trotar fuera del #gym a ritmo suave y sudar un poco.

El viernes me ardía el culo en el sofá, así que me fui directa al gimnasio con pocas esperanzas de poder hacer nada decente. Me propuse hacer mi HIIT en la cinta; el que tenía marcado en mi rutina semanal: 5 minutos de calentamiento, 5 intervalos de 30 segundos al 90% de mis pulsaciones intercalados con otros 5 intervalos de 30 segundos al 70% de mi frecuencia cardíaca. Para finalizar, otros 5 minutos de trote cochinero al 60% de FC para volver a la normalidad.

Me costó pero me sorprendió comprobar que mis piernas respondieron, aunque tengo que decir que mi capacidad pulmonar estaba más cercana a la de una fumadora empedernida que a la mía. Conseguí completar el entrenamiento pero acabé muy fatigada y después me fui con ganas de haber hecho algo más. Esta vez no falló la cabeza, el motor se paró.

El sábado tampoco mejoré y empezaron los pensamientos negativos. El próximo domingo tengo una carrera 10k y no dejaba de pensar que esta semana de parón forzoso era una cruz y un freno. Vamos, una mierda pinchada en un palo (con perdón).

Llegó el domingo y me levanté con un humor de perros. Zanganeé dando vueltas en casa sin hacer nada. Me preparé el desayuno temprano y me lo tomo viendo la tele pero sin prestar atención alguna. Lo único que tenía en la cabeza era que tenía que salir a correr y aprovechar el día tan estupendo que hacía, pero en el fondo estaba casi convencida de que me quedaría en casa. Ya no era cuestión de si me sentía mal o no físicamente, sino de que estaba súper desanimada. Fallaba la cabeza.

Finalmente, mi chico me convence para que salga. Normalmente los domingos me hago un recorrido precioso que sigue el cauce del río Lagares. Desde el inicio hasta la playa de Samil hay unos 10k, así que para mí, en estos momentos, es la distancia perfecta. Quedamos en que él y Ultra me esperarían al final, en la playa, mientras que yo cumplía con mi ración dominguera de running.

No tenía nada que perder. Con cero ganas y menos confianza en que completaría los 10 kilómetros hasta ver el mar, me pongo en marcha. Con el uniforme de chica #runner, dopada con un antigripal que me deja muerta salgo a la calle. Llego al inicio del camino y me pongo mi música con el único pensamiento de: “a ver hasta dónde llego”.

Empiezo a trotar, en los primeros metros la sensación es la normal y consigo completar el primer kilómetro, el segundo y hasta un tercero a un ritmo incluso más vivo de lo habitual. Sin embargo, tras pasar la marca de los 3k mis piernas se paran. Aunque en realidad quien se frenó fue mi cabeza. Falla de nuevo.

Pensamientos del tipo: “no lo vas a hacer ni de coña”, “no estás en condiciones”, “no puedes ni respirar” fueron los que me frenaron.

Ninguna de esas cosas era mentira. No fui capaz de respirar por la nariz ni una sola vez porque me ahogaba, y los efectos del antigripal los estaba pagando, e incluso empecé a notar dolor de cabeza (algo que no suele ser muy habitual en mi, salvo en esos días del mes).

Estuve a punto de hacer la llamada de “ven a buscarme” pero me dolió en mi amor propio y me dije: “tranquila chica, tienes toda la mañana por delante, ve despacio”. De nuevo comencé a trotar, esta vez mucho más despacio pero sin pararme hasta que llegué a Castrelos, un parque de Vigo que queda más o menos a mitad de camino. No sabía que había una especie de gincana para niños organizada por el ayuntamiento. Estaba lleno de padres con sus enanos y tan magno evento me obligó a frenar de nuevo.

Vaya, ahora que había conseguido volver a trotar  tenía que pararme si quería continuar. ¿Continuar?, uff!. Todo se estaba complicando demasiado: un resfriado que no me dejaba respirar, los efectos del antigripal, un humor de perros y un estado de pesimismo in crescendo y para más inri, la fiesta de no sé qué historias de unos críos dando saltos con sus padres haciendo fotos como posesos impidiéndome el paso. Vaya, que no sabía si ponerme verde a lo Hulk de la mala uva que me entró o tirarme al sueño y ponerme a llorar como si tuviese 3 años.

Continué caminando hasta dejar atrás a toda aquella gente y de nuevo me debatí entre continuar con la moral por los suelos o dar marcha atrás y volver y casa. Pero…¿de verdad quería perderme llegar corriendo a la playa?. Me esperaban mis dos chicos. Pensé en ellos y en las ganas de que tenía de ver sus caras viéndome llegar y eso fue lo que me hizo volver a trotar.

A un ritmo muy lento me tranquilicé y empecé a disfrutar de todo lo que tenía delante de mi. Parejas corriendo, familias en bici, grupos en mountain bike, señoras dando su paseo matinal. Me crucé con muchas más chicas corriendo que la última vez y eso puso una sonrisa en mi cara. Recordé aquello de “aunque seas el último, siempre habrás llegado más lejos que todos aquellos que se han quedado en casa”. Desde luego que la merma física seguía ahí, pero ahora las ganas y el corazón les estaban echando un pulso a mi cabeza y los pensamientos negativos.

Poco a poco fui avanzando, y cuando llegué a la desembocadura del río la estampa que tenía ante mis ojos me dio la razón, había merecido la pena solo por ver aquello. Un montón de pájaros y gaviotas en una pequeña marisma con mucha vegetación. Muchísima luz, sol y una temperatura envidiable para estar en diciembre.

Al dejar la marisma llegué a la playa y al bullicio. Ríos de gente en el paseo disfrutando del día y un montón de perros jugando en la arena. Mientras avanzaba mirando a un lado y a otro para encontrarme con mis chicos pensaba en que tenía que inmortalizar aquel momento. Tenía que hacer honor a mi nombre y regalar un beso que me sabría a victoria.

Kiss After Running

Llegué hasta ellos. Corrí con lo único que tenía, el corazón. Y gané. Gané un Kiss After Running.

Mariam Gª Veiga
mariam@kissafterrunning.com

Running, estilo de vida saludable y marketing online son los 3 ingredientes de mi cóctel favorito. Tienes carta blanca para abordarme sobre cualquiera de estos temas :) Yo estaré encantada de poder aportarte mi granito de arena.

14 Comments
  • Sanitas Marca Running Series 2013 A Coruña
    Posted at 21:47h, 23 Enero Responder

    […] ese animo me dieron fuerza. Como bien dijo mi buena amiga Kissafterrunning, “con el corazón también se corre“. Y eso hice. Solo quería llegar y bajar de una hora. Esas eran mis metas y puse todo lo que […]

  • Ani
    Posted at 19:57h, 10 Enero Responder

    Hola! M siento muy identificada contigo, mañana mismo quiero empezar a correr. Me ha encantado o q cuentas y como lo cuentas. Espero q me vaya tan bien como a ti. Salidos desde Valencia

    • Kiss After Running
      Posted at 19:59h, 10 Enero Responder

      Hola Ani,
      Bienvenida!. Te irá tan bien o mejor que a mi. Enhorabuena por decidir empezar a correr.
      Será toda una aventura que te hará vivir muy buenos momentos.
      Disfruta desde el primer día.
      Un abrazo!

  • Novatillo Total
    Posted at 10:46h, 08 Enero Responder

    Nadie dijo que esto fuera sencillo. Nada en esta vida lo es. Pero nos has dejado sin lo mejor. Sin las sensaciones del que ha ganado la batalla a la pereza y a otros muchos obstáculos. Parece mentira pero correr nos hace mejores. Nos hace más duros, más metódicos, más espartanos, menos moñas y menos quejicas. Nos da energía buena y nos pone de buen humor.
    Sobre todo salvar días duros, como el que cuentas aquí y que superaste con nota.
    Toda mi admiración campeona.

  • Estherinha221
    Posted at 23:22h, 27 Diciembre Responder

    El mismo día que has hecho esa ruta, fui yo también!! Aunque yo desde el comienzo en Avenida de Madrid, hasta Castrelos y volver… así que seguro que algún día nos habremos cruzado! Saludos runner!

  • Maribel
    Posted at 22:48h, 17 Diciembre Responder

    Preciosa entrada y muy motivadora. Yo tengo muchos dias en que no me fallan las piernas si no la cabeza. Pero cuando logro vencer esa pereza nunca me arrepiento, sino todo lo contrario.
    Que lujo poder entrenar por lugares tan bellos

  • Runnerica
    Posted at 18:18h, 17 Diciembre Responder

    Muy bonita entrada. A veces no se puede estar a tope, pero no importa. Los 10 km siguen siendo 10 km, los hagas a toda velocidad o despacio y con parones.

  • Irene
    Posted at 16:25h, 17 Diciembre Responder

    Qué buen Post! Todos hemos pasado por una experiencia parecida. Es horrible cuándo el cuerpo te traiciona, te enfermas o sufres una lesión. Pareciera que la cabeza quiere salir corriendo cómo una posesa pero el cuerpo no nos lo permite.
    Aunque es peor la capacidad que tenemos de sabotearnos mentalmente. A mí me ha pasado y me alegro que hayas podido combatir con ello. Tenemos que aprender a callar esa vocecita estúpida que nos dice que no podemos; aunque a veces pareciera que tuviese razón por lo mal que nos podamos sentir, siempre podemos llegar más lejos de lo que ella dice, verdad?
    Te deseo MUCHA salud y kilómetros reina 😉
    I.

  • Reich
    Posted at 11:02h, 17 Diciembre Responder

    Qué bonito!!! Cada vez estoy más convencida de que los días que menos apetece y con menos fuerza me veo son los que más saboreo 🙂

  • Bea
    Posted at 23:49h, 16 Diciembre Responder

    Me ha encantado el post de hoy, me siento muy identificada,porque últimamente la pereza me vence y aunque quiero centrarme en lo bien que se siente uno al terminar el entrenamiento, encuentro mil excusas para no calzarme las zapas:la intensa niebla, lo pronto que se hace de noche, salir tan tarde del trabajo, estar bajo cero, las mil y una cosas que hacer, el cansancio….puf! Necesito un chute de la energía que tú desprendes, a ver si me animo. Gracias por compartir tus vivencias running, eres genial!

  • DafneLuna
    Posted at 23:35h, 16 Diciembre Responder

    Qué bien descrito! Me parece estar ahí contigo en cada metro… Ánimo, seguro que en la carrera te irá fenomenal. Besos.

  • Elisailopez
    Posted at 22:59h, 16 Diciembre Responder

    Hi amore!!
    Ha sido como leer el capítulo de un libro, no podía parar!! Un post de lujo, te felicito por haber llegado a la meta (el beso).
    Hay q buscar la motivación donde haga falta, los comapñeros de fatiga siempre son una buena opción 🙂
    Besos guapísima!!

    • Kiss After Running
      Posted at 23:00h, 16 Diciembre Responder

      Un millón de gracias Elisa 🙂
      Un abrazo enorme runner!
      Me encanta seguirte 🙂

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